domingo, 3 de mayo de 2009

Paseo

Tuve la oportunidad, como no la tendré jamás... frente a mi, al alcanze de mis manos. Sin nadie que oyera sus gritos, sin nadie que pudiera detener mi furia en explosiones de sangre, latidos golpeandome las sienes.
No quice, soy un imbécil, debería querer.

Al parecer no haré nada, hasta que me muera.
El día en que el ciclo llegue a su fin y se rompa por fin el esquema de lo que llaman destino.

Será cumplido como ha sido siempre... inútiles son mis esfuerzos en cambiar algo. Inútiles mis ojos, corazón y piel.

Nada es lo que es.
Nada es lo que valen.

No existe, nunca lo hizo / nunca lo hará, persona que haga que este camino cambie de rumbo. Alguien que entienda lo que necesitan, que sea capaz de decifrar su sencillo y complejo misterio.

No tengo que hacer nada, el viaje continúa. No gano nada con terminar con los culpables, enterrarlos y saciar mi frustración.
Los tesoros permanecerán ignorados en el fondo del oceano, mientras que el cielo cambia de color y el tiempo se vuelve espeso y pesado.

Los mares se están evaporando y yo sigo sin sorprenderme.
Seco mis ojos y maldigo el planeta, las estaciones del año, las lluvias torrenciales, las risas, la gente linda, las mentiras...

Me siento y miro cansado por la ventana. De fondo suena una canción, pero es otra la que escucho en mi mente.


-

No hay comentarios:

Publicar un comentario