No sé donde empezó, porqué lo hice o por qué a pesar de lo raro que fue (y que es) no siento vergüenza.
Fue un día normal, todo era como siempre. Yo andaba en el centro, aun sin decidirme si llamar a alguien para ir a algún lado o qué. Entonces, me dí cuenta de que andaba cerca de donde mi mamá ha estado asistiendo a reuniones y decidí entrar al edifico.
Después de dar algunas vueltas por los pasillos, iba pasando de largo afuera de una sala, cuando vi que estaba ella y entré...
Ahí empezó todo.
La gente me vió llegar, yo me puse en delante, en frente de las caras de curiosidad y empecé a gritar lo más fuerte que pude.
Los sonidos que salían de mi boca eran muy distintos a como suelen ser mis gritos. Hice unos sonidos entre gemidos y tos.
Ahora todo era silencio y caras de no entender nada y yo, ignorando que uno de esos pares de ojos eran de mi mamá, continuaba intentndo gritar como siempre, como aquella vez en el balcón de la Caro (contando los carros del tren) o cuando practico en mi pieza.
No sé si quería dejar de ser invisible para la gente, no sé si era stress o si tenía que ver con todas las cosas que llevo guardadas tanto tiempo sin poder sacarlas de mi...
Y me perdí, dejé de ser yo, pasé a ser otro expectador de mi desconcertante expectáculo.
Me ví tirándome al suelo, haciendo esos extraños sonidos, que mi traicionera garganta me permitía hacer, lo más fuerte posible. Vi cómo se acercaban mi mamá y otras dos señoras que no había visto jamás, rogándome que me calmara, pero yo no podía (o no quería) dejar de hacerlo. Hasta que llegó un guardia y me tomó del brazo con firmeza. Entonces mi mamá desesperada le pidió que no me hiciera nada, que yo tenía "problemas", etc.
Me ví dejando mi absurdo show y rompiendo en llanto, mientras oía los murmullos y comentarios de todos.
Mi vieja me abrazó y así nos quedamos un rato. Después me acercaron una silla para que me sentara y Sara llamó a mi viejo para que nos fuera a buscar.
Oí cómo le repetía una y otra vez lo que hice y que no sabía por qué, que después hablarían y que por favor sólo se apurara.
Cuando llegamos por fin a la casa, me di cuenta de que ya todos sabían, pero nadie se atrevía a hablar del tema o preguntarme a mi. Pero los oía hablar a espaldas de mi de que no estoy bien.
Al final todos hacen como que jamás pasó.
Haste al día de hoy...
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