Cierta noche en que me econtraba tendido boca arriba sobre mi cama con la ventana abierta, un demonio naranjo entró a mi pieza. Voló por toda la habitación, chocando contra las paredes y las cosas de las repisas... algo buscaba.
El molesto zumbido de sus alas rompió por completo mi paz. Quería echarlo pero le temí a sus toscas maneras y preferí quedarme quieto sentado en una esquina de la cama, mirando en silencio, como resgistraba mis zapatillas, cuadernos, ropa, recuerdos y otras cosas que no recordaba tener guardadas.
Me habló en su idioma de criatura infernal, con su voz horrenda y desparramó por todos lados mis hojas escritas, las cartas que nunca me atreví a entregar.
Rió y volvió a salir por la ventana.
Los 10 minutos más escalofriantemente largos de toda mi vida.
martes, 28 de abril de 2009
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